Estimados afiliados,
La industria ecuatoriana atraviesa un momento decisivo. La transformación digital ya no es una promesa, sino una realidad que empieza a cambiar procesos productivos, cadenas de valor y modelos de negocio. Desde la agroindustria hasta la manufactura y la logística, se multiplican los casos donde la tecnología impulsa eficiencia, trazabilidad y competitividad.
La inteligencia artificial también se abre paso con fuerza, muchas veces desde los equipos de primera línea que la aplican para resolver problemas concretos. Allí radica nuestro reto: entender que la innovación no siempre viene de arriba, sino de la capacidad de fomentar una cultura de aprendizaje, flexibilidad y confianza.
A la par, el futuro de la industria ecuatoriana se juega en su proyección internacional. Exportar significa abrirse al mundo y crecer con él, y la tecnología ofrece hoy oportunidades para llegar a mercados globales de manera más ágil y directa. En este camino, el Estado debe ser facilitador y el sector privado protagonista.
Nada de esto es sostenible sin reconocer la importancia de las empresas familiares, que son la columna vertebral de nuestra economía. Su permanencia depende de la planificación responsable de la sucesión y de estructuras que garanticen continuidad y evolución.
La sostenibilidad cierra el círculo. La economía circular y las nuevas herramientas de medición nos recuerdan que no hay crecimiento posible sin responsabilidad ambiental y social. Expoindustria Cuenca 2025 y proyectos solidarios como los de Diakonía muestran que la innovación también se traduce en alianzas, propósito y comunidad.
Ecuador tiene talento, creatividad y espíritu empresarial. Lo que falta es acelerar la integración de estos elementos en una visión compartida que combine tecnología, sostenibilidad y liderazgo. El futuro ya está aquí, y depende de nuestra decisión de abrazarlo con confianza.