“El talento femenino no necesita únicamente oportunidades; necesita condiciones organizacionales que permitan su desarrollo”

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel juega la perspectiva femenina en la innovación y en las decisiones estratégicas?

Aportamos diversidad en la forma de analizar los problemas y tomar decisiones. Cuando las mujeres participan en espacios estratégicos, las conversaciones suelen ampliarse. No se evalúan únicamente los resultados financieros inmediatos, sino también los efectos reputacionales, sociales y culturales de cada decisión.

Esa mirada integral permite anticipar riesgos, comprender mejor a los distintos grupos de interés y construir estrategias más sostenibles.

En entornos cada vez más complejos, donde las decisiones empresariales están estrechamente vinculadas con factores regulatorios, sociales y reputacionales, contar con información estratégica y una adecuada gestión de los asuntos públicos se vuelve fundamental.

La capacidad de interpretar el contexto, comprender las dinámicas del entorno y comunicar con claridad las decisiones empresariales es hoy una parte esencial del liderazgo corporativo. La innovación también se fortalece cuando existe diversidad, porque equipos con perspectivas distintas tienen mayor capacidad para cuestionar supuestos y adaptarse a escenarios cambiantes.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes te ha dejado esa experiencia?

Con el tiempo he entendido que el llamado “balance” no significa dividir la vida en partes iguales entre lo personal y lo profesional. En realidad, se trata de gestionar prioridades de forma consciente a lo largo de las distintas etapas de la vida.

En posiciones de liderazgo es común intentar sostenerlo todo desde el esfuerzo individual. Sin embargo, la experiencia demuestra que el liderazgo sostenible no depende de la sobrecarga personal, sino de la capacidad de construir sistemas que funcionen.

Esto implica formar equipos autónomos, distribuir la confianza, delegar con claridad y enfocar la agenda en aquello que realmente genera impacto estratégico.

Hoy gestiono mi tiempo y mi energía con el mismo criterio con el que gestiono la estrategia de la organización: claridad en las decisiones, certeza cuando es necesario decir que no y foco en la sostenibilidad. También he aprendido que la comunicación estratégica dentro de las organizaciones es clave para alinear equipos, gestionar expectativas y sostener la confianza, especialmente en contextos de cambio.

¿Cómo se construye una cultura organizacional donde las mujeres puedan desarrollarse y liderar?

El talento femenino no necesita únicamente oportunidades; necesita condiciones organizacionales que permitan su desarrollo.

El primer paso es construir entornos con seguridad psicológica. No basta con invitar a las mujeres a la mesa de decisión; es fundamental garantizar que sus ideas sean escuchadas con la misma legitimidad que las de cualquier otro líder.

El segundo elemento es el desarrollo intencional del talento. Programas de mentoría y patrocinio ayudan a conectar a profesionales con alto potencial con oportunidades estratégicas, mientras que la presencia de mujeres en posiciones de decisión genera referentes visibles para las nuevas generaciones.

La cultura organizacional también debe evolucionar hacia modelos basados en resultados, donde la flexibilidad y la corresponsabilidad permitan que la vida profesional y personal coexistan sin penalizar el crecimiento profesional.

En entornos volátiles, las organizaciones que logran consolidar culturas sólidas también son aquellas que valoran el análisis del contexto, la gestión responsable de los asuntos públicos y una comunicación estratégica transparente con sus grupos de interés.

¿Qué momentos han sido decisivos para avanzar hacia posiciones de liderazgo?

A lo largo de mi trayectoria hubo varios momentos que marcaron un punto de inflexión.

Uno de ellos fue mi ingreso al sector extractivo, una industria tradicionalmente dominada por hombres. Recuerdo con claridad mi primera visita sola a un pozo petrolero en la Amazonía. Estar en el terreno me permitió comprender la complejidad técnica de la industria y su impacto en el desarrollo económico del país y en las comunidades locales.

Otro momento transformador fue mi experiencia internacional. Vivir y trabajar fuera del país me permitió desarrollar una perspectiva global y fortalecer una forma de liderazgo más abierta y adaptable.

El tercer hito fue sumarme a la construcción de Keyword como socia. Después de varios años en multinacionales, apostar por este proyecto implicó asumir riesgos. Sin embargo, la oportunidad de contribuir al desarrollo de una organización enfocada en acompañar a empresas en la comprensión de su entorno, la gestión de asuntos públicos y el uso de información estratégica para la toma de decisiones.

Esta experiencia me reafirmó que el liderazgo va más allá de dirigir equipos: se trata de inspirar, generar confianza y movilizar a las personas en torno a una visión compartida.

¿Qué mensaje darías a las mujeres que aspiran a liderar en el mundo empresarial?

El liderazgo rara vez sigue una línea recta. En el camino aparecen momentos de duda, decisiones complejas o entornos donde avanzar parece más difícil de lo esperado.

Mi principal aprendizaje ha sido entender que esos desafíos forman parte natural del crecimiento profesional. Cada etapa trae consigo nuevas responsabilidades y oportunidades para desarrollar criterio.

A las mujeres que aspiran a liderar les diría que confíen en su preparación, inviertan constantemente en su desarrollo y no tengan miedo de ocupar espacios de decisión.

Cuando una mujer asume un rol de liderazgo, no solo transforma su propia trayectoria. También contribuye a ampliar las posibilidades para otras mujeres, a construir organizaciones más diversas y mejor preparadas para enfrentar los desafíos del futuro.