“Con el tiempo aprendí que los mejores resultados no vienen de tener el análisis correcto, sino de saber leerlo junto a las personas correctas”
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?
Hace poco una buena amiga me dijo que un buen líder no debe saberlo todo, sino saber qué preguntar. Esa frase me quedó sonando durante días porque, sin quererlo, describía exactamente el principal aporte de la perspectiva femenina en los negocios.
Quienes me conocen saben que soy de números, analítica por naturaleza, creo que trabajar más de 18 años en el mundo de los impuestos ha contribuido con ello. Pero con el tiempo aprendí que los mejores resultados no vienen de tener el análisis correcto, sino de saber leerlo junto a las personas correctas. Las mujeres tendemos a tomar decisiones de forma más integral, analizamos los datos, sí, pero también el contexto, el equipo, el impacto humano detrás de cada número. Somos más minuciosas, más consultivas, más empáticas en el proceso.
Esa mirada integral, la que escucha, la que cuestiona, la que no se conforma con la primera respuesta, es para mí el mayor aporte de las mujeres en innovación y estrategia. No es solo intuición, es una forma de procesar la información que contempla más variables, más perspectivas, más impactos.
Hoy lidero un proyecto de automatización tecnológica dentro de nuestra firma, y es precisamente eso lo que estoy aplicando. Más que un ejercicio técnico, es un ejercicio de escucha. Hacer las preguntas correctas, cuestionar los supuestos, dar espacio para que el equipo aporte. Y cuando eso sucede, los resultados hablan por sí mismos.
Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?
Seré honesta: no creo en el balance perfecto. Creo en la priorización. Y priorizar significa que en algún momento algo queda postergado y muchas veces, es el tiempo personal.
Las mujeres tendemos a exigirnos demasiado. Queremos estar al 100% en todo, todo el tiempo. He tenido etapas en las que el trabajo lo ocupó casi todo, no porque algo estuviera mal, sino porque estaba construyendo algo que me apasionaba. Y cuando algo te apasiona, es difícil ponerle límites. Ese costo no siempre es visible, pero siempre está presente.
Con el tiempo aprendí a priorizar con más intención. A entender que no todo puede ser urgente al mismo tiempo, que delegar no es perder el control, y que los momentos fuera de la oficina también me hacen mejor profesional. No siempre lo logro, pero lo intento conscientemente.
Creo que la conversación sobre balance debería ser más honesta. No se trata de tenerlo todo perfectamente distribuido, se trata de saber qué estás eligiendo en cada momento, y estar en paz con esa decisión.
La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?
Mi respuesta puede sorprender un poco, porque no creo que la clave esté en crear programas especiales para mujeres. Creo en construir ambientes justos para todos, mujeres y hombres, donde el mérito sea el factor decisivo.
Lo que sí hago, y lo hago conscientemente, es escuchar. No solo a las mujeres sino a todo mi equipo. Que cada persona sienta que su opinión importa, que su criterio cuenta. Ese ambiente, en mi experiencia, beneficia a todos pero especialmente a quienes históricamente han tenido menos espacio para hablar.
Los números de nuestra firma reflejan eso. En Andersen, el 54% del equipo son mujeres, y en posiciones gerenciales ese porcentaje sube al 60%. El 47% de nuestra plantilla tiene menos de 25 años. Son datos que me generan satisfacción, porque demuestran que las oportunidades no dependen del género ni de la edad, sino de lo que cada persona es capaz de aportar. Pero también me generan responsabilidad, porque a nivel de socios soy la única mujer en la oficina de Guayaquil, en un grupo de seis. Eso me dice que hemos avanzado, pero que todavía queda camino por recorrer.
Más allá de lo que hacemos como organización, hay algo que me parece importante decir: parte del camino también depende de nosotras. A veces las mujeres nos conformamos con lo que nos dan en lugar de pedir lo que merecemos. Por eso, más que promover a las mujeres por el simple hecho de serlo, lo que intento es ser el ejemplo de que es posible llegar lejos siendo exactamente quien eres.
En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?
Romper barreras, en mi experiencia, ha tenido más que ver con decisiones que con circunstancias. Y las decisiones más importantes que he tomado no siempre fueron las más cómodas.
Uno de los primeros momentos fue cuando asumí el rol de Gerente en 2013. Ya venía manejando equipos, pero con ese cargo tenía una responsabilidad que se sentía distinta. Tenía muchas dudas, no siempre sabía cómo actuar.
Pero en el camino tuve varios mentores que me guiaron en el proceso, aportaron con su experiencia y, así, poco a poco fui descubriendo y armando mi propio estilo de liderazgo. Me di cuenta que me gustaba liderar. No solo el trabajo técnico, sino organizar, acompañar y desarrollar al equipo.
En ese momento, Fidesburó (ahora Andersen) era una firma en crecimiento, por lo cual ese rol me llevó mucho más allá de los impuestos, me metí en reclutamiento, capacitación, cultura organizacional. Aprendí haciendo. No siempre me salió todo bien, es más, puedo decir que los mejores aprendizajes los gané cuando tomé malas decisiones.
Otro momento que me marcó fue cuando decidí dejar Andersen, la firma donde había construido todo desde cero durante más de 14 años, para asumir un rol en el Servicio de Rentas Internas. No fue una decisión fácil. Tenía mucha incertidumbre, no formaba parte de mi plan trabajar en el sector público, pero se presentó la oportunidad y decidí aprovecharla. Lo vi como una maestría, además pensé: si llevaba años asesorando a empresas en materia tributaria, tenía que entender ese mismo mundo desde el otro lado, desde adentro del ente regulador. Entender cómo piensa la autoridad, cómo interpreta las normas, qué es lo que realmente le preocupa. Eso no se aprende en ningún libro ni en ninguna firma.
Cuando volví al sector privado, regresé con una visión más completa, más estratégica, más capaz de anticipar riesgos y de asesorar con mayor profundidad. Hoy, como socia en Andersen, esa experiencia es parte de lo que me define y de lo que aporto a mis clientes y a mi equipo todos los días.
En toda mi trayectoria, creo que las barreras más importantes que he roto no fueron las externas, fueron las internas. Atreverme a salir de mi zona de confort, a soltar la seguridad de lo construido, a apostar por una perspectiva diferente. Eso, para mí, fue el verdadero punto de inflexión.
Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?
La reflexión más valiosa que puedo compartir es simple, que confíen en ellas. Suena fácil, pero en la práctica es uno de los mayores retos que enfrentamos las mujeres.
He visto mujeres brillantes, preparadas, capaces, que se frenan antes de que alguien más lo haga. Que se cuestionan demasiado, que esperan estar completamente listas antes de dar el siguiente paso, que cargan con una exigencia interna que no le aplicarían a nadie más. Yo misma lo he hecho, soy mi principal crítica.
Que no transiten el camino solas, que se rodeen de personas que sumen. Yo he tenido mentores a lo largo de mi carrera que me formaron no solo en lo técnico sino también en liderazgo. Tengo la suerte de compartir con un grupo de mujeres ejecutivas con quienes sigo creciendo hasta hoy. No son mis mentoras en el sentido formal, pero lo que compartimos aporta a mi crecimiento de una forma que valoro mucho. Por eso hoy entiendo la responsabilidad que tenemos quienes ya ocupamos estos espacios, ser el referente que quizás otras no tuvieron.
El camino no siempre será fácil, y habrá momentos en que sientan que no es suficiente lo que hacen. En esos momentos, que no se abandonen. Yo no tuve todo claro desde el principio, salí de mi zona de confort cuando no estaba en el plan, tomé decisiones con incertidumbre, pero seguí apostando por mí. Y eso, al final, es lo que marca la diferencia.