“Uno de los aprendizajes más importantes para mí ha sido aceptar que el equilibrio perfecto no existe”
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?
Creo que uno de los aportes más importantes de la perspectiva femenina en los negocios es la empatía aplicada a la toma de decisiones. En industrias globales como la exportación agrícola, el negocio no se sostiene solo con números; se sostiene con relaciones de confianza a largo plazo.
La empatía permite entender mejor qué necesita cada parte: el productor que está en el campo, el cliente que depende de tu producto para abastecer un mercado, o el equipo que ejecuta la operación día a día. Esa capacidad de escuchar, interpretar y construir relaciones sólidas termina siendo una ventaja estratégica para innovar y tomar mejores decisiones.
Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?
Uno de los aprendizajes más importantes para mí ha sido aceptar que el equilibrio perfecto no existe.
Hay momentos en los que el negocio exige el 90% de tu energía, y otros en los que necesitas proteger tu espacio personal.
Lo que sí aprendí es a tener claridad de prioridades. Cuando estás en posiciones de liderazgo, el tiempo se vuelve tu recurso más escaso, así que hay que aprender a decidir qué merece tu atención y qué no.
También creo mucho en rodearme de equipos competentes y confiar en ellos. El liderazgo no significa hacerlo todo sola.
La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?
Para mí empieza con algo muy simple: respeto profesional absoluto.
En sectores tradicionalmente masculinos, muchas mujeres sienten que tienen que demostrar el doble para ser tomadas en serio. Yo trato de construir un entorno donde las ideas se evalúan por su calidad, no por quién las dice.
También es importante abrir espacios de responsabilidad real. La confianza se construye dando oportunidades para liderar proyectos, negociar, tomar decisiones.
Cuando una organización normaliza eso, las mujeres no solo participan: lideran.
En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?
Uno de los momentos más decisivos fue cuando entendí que en esta industria nadie te “entrega” el liderazgo: tienes que asumirlo.
El comercio internacional de banano es un negocio muy competitivo, con mucha presión logística, financiera y comercial. Al principio muchas personas dudaban de que una mujer joven pudiera manejar negociaciones internacionales o decisiones operativas complejas.
Romper esa barrera no vino de discursos, vino de resultados: cerrar negocios, resolver problemas logísticos, construir relaciones de largo plazo con productores y clientes.
La credibilidad en este sector se gana con ejecución.
Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?
Que no intenten encajar en un modelo de liderazgo que no les pertenece.
Durante muchos años se pensó que para liderar había que adoptar estilos muy rígidos o agresivos. Hoy sabemos que el liderazgo efectivo puede tener muchas formas.
Mi consejo sería: desarrollen criterio propio, aprendan profundamente su industria y tomen decisiones con convicción. La autoridad verdadera no viene del cargo, viene del conocimiento y de la capacidad de generar resultados.
Cuando eso está claro, el género deja de ser el tema central.