“Liderar implica inspirar y servir. Un equipo no se moviliza únicamente por objetivos comerciales, sino por una fuerte cultura corporativa”

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial donde la competitividad exige agilidad, diferenciación y visión de largo plazo, la perspectiva femenina aporta una combinación estratégica muy valiosa: capacidad analítica, sensibilidad hacia el cliente y una mirada integral del negocio.

En Casaplan Motorplan, esa visión nos permitió evolucionar de un modelo tradicional de planificación de adquisición de vehículos a la creación de un ecosistema integral pionero en el país. Hoy no solo integramos cerca de una treintena de marcas automotrices y planes inmobiliarios, sino que hemos desarrollado una plataforma que articula un portafolio completo de bienes inmuebles, vehículos, remodelaciones y planes personalizados diseñados para que cada persona pueda iniciar la construcción de su patrimonio de manera estructurada y segura.

Nuestra innovación va más allá de incorporar tecnología; fue transformar un modelo de acceso a bienes. Desde 2008 lideré las primeras iniciativas de digitalización y, en 2020, al asumir la presidencia ejecutiva, consolidamos una transformación digital profunda. En 2021 apenas el 10% de nuestra conversión era digital; hoy alcanza el 70%. Este crecimiento refleja decisiones estratégicas sostenidas, inversión en tecnología propia y una visión clara del futuro.

Innovar, en nuestro caso, ha significado construir un portafolio que acompañe al cliente en distintas etapas de su vida: desde adquirir su primer vehículo o inmueble, hasta remodelar, diversificar o ampliar su patrimonio. Esa visión integral nace de comprender que detrás de cada contrato existe un proyecto familiar.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

El equilibrio no es una fórmula rígida; es una construcción consciente que se ajusta a cada etapa de la vida. He aprendido que la organización estratégica, la claridad en las prioridades y la confianza son fundamentales para sostener un liderazgo sólido.

Tenemos una cultura donde la meritocracia y la preparación son pilares reales. Cuando el equipo está capacitado y comprometido, el liderazgo se convierte en una labor compartida y no en una carga individual.

La digitalización también ha sido clave para lograr eficiencia y equilibrio. La automatización de procesos y el desarrollo de software propio nos han permitido optimizar tiempos y mejorar la experiencia y fortaleciendo la gestión.

Pero, sobre todo, he aprendido que el liderazgo debe ejercerse con propósito. Cuando el equipo entiende que trabajamos para convertir aspiraciones en patrimonios reales, el compromiso se eleva. Inspirar al equipo implica transmitir una visión compartida, donde cada persona comprenda el impacto de su trabajo. Ese sentido de propósito da cohesión y equilibrio, tanto en lo profesional como en lo personal.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional se construye con consistencia. En nuestra empresa, el crecimiento está directamente vinculado al desempeño, la formación y la capacidad de generar resultados.

El hecho de que el 82% de nuestro equipo esté conformado por mujeres y que el 70% de los cargos estratégicos estén en sus manos demuestra que el liderazgo femenino no es simbólico, es decisivo. Esto ha sido posible gracias a una estructura clara, procesos definidos y una apuesta constante por la capacitación.

Mi formación en Management, Banca Digital y Fintech en IE Business School, así como en Innovación y Liderazgo en IESE Business School, reforzó mi convicción de que el aprendizaje continuo es un motor de crecimiento. Esa misma línea de vida la traslado al equipo.

Trabajamos bajo un enfoque donde la confianza genera rendimiento lo que suelo llamar el efecto multiplicador de las expectativas positivas. Cuando se inspira al equipo y se lidera con un objetivo compartido, las personas se sienten seguras para proponer, innovar y asumir responsabilidades estratégicas.

Además, la transparencia tecnológica fortalece la confianza. Un entorno claro, con reglas bien definidas y propósito común, impulsa el desarrollo del talento.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Mi trayectoria ha estado marcada por decisiones tácticas tomadas en momentos clave del entorno económico y empresarial. Uno de los primeros hitos fue identificar, tras la dolarización, la oportunidad de fortalecer el modelo de planificación de adquisición de bienes basado en cuotas fijas. Esa decisión definió el ADN del negocio y nos permitió ofrecer estabilidad y confianza en un contexto de transformación económica.

 

En 2004, la internacionalización fue otro paso determinante. Atender ecuatorianos en Italia, España y Estados Unidos amplió nuestra visión y nos permitió consolidar un modelo que trascendía fronteras, entendiendo que el patrimonio es una aspiración global.

Asumir la presidencia ejecutiva en 2020 representó un punto de inflexión. No solo significó liderar una empresa con 20 años de trayectoria, sino impulsar una transformación que hoy nos posiciona como pioneros en la creación de un ecosistema que integra bienes inmuebles, vehículos, remodelaciones y soluciones personalizadas dentro de una plataforma digital robusta.

Otro momento clave ha sido proyectar la diversificación hacia 2026, fortaleciendo alianzas estratégicas y ampliando nuestro portafolio de servicios para ofrecer mayor libertad de elección. Estos avances denotan trabajo en equipo, basada en innovación continua y disciplina.

Romper barreras ha sido un proceso progresivo de preparación, constancia y confianza en la capacidad del equipo.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que el liderazgo no es un título, es una construcción diaria basada en preparación y rigor. Que confíen en su intuición, pero que la respalden siempre con conocimiento, datos y disciplina estratégica. La intuición abre caminos; la formación y la constancia los consolidan.

En mi experiencia al frente de Casaplan Motorplan, he comprobado que los resultados sostenibles nacen de una idea clara. Los logros que alcanzamos son el resultado de años de trabajo, innovación progresiva y una cultura basada en confianza y mérito.

También les diría que liderar implica inspirar y servir. Un equipo no se moviliza únicamente por objetivos comerciales, sino por una fuerte cultura corporativa. Cuando cada colaborador entiende que su trabajo contribuye a que una persona o una familia construya patrimonio, el compromiso cambia de nivel.

Que no teman asumir responsabilidad. Que se preparen constantemente. Que construyan equipos y aprendan a delegar con confianza, para que construyan organizaciones que trasciendan generaciones e impacten en la vida de las personas.