“He aprendido que liderar también implica priorizar, poner límites y entender que no todo puede sostenerse desde el mismo lugar todo el tiempo”
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?
Creo que la perspectiva femenina aporta un valor enorme a la innovación y a la toma de decisiones estratégicas porque incorpora una sensibilidad distinta, anticipa riesgos y conectar con las personas. Muchas veces se habla de intuición como si fuera algo abstracto, pero en realidad es una forma de inteligencia construida desde la experiencia, la observación y la capacidad de percibir lo que no siempre es evidente en los datos.
Esa intuición, cuando se escucha y se trabaja con claridad, puede convertirse en una herramienta estratégica muy poderosa. Durante mucho tiempo, a muchas mujeres se nos enseñó a dudar de esa voz interna o a silenciarla, pero hoy creo que recuperarla también es una forma de liderazgo. La perspectiva femenina no reemplaza la visión técnica ni analítica; la complementa y la fortalece, porque suma humanidad, criterio y una mirada más integral en la toma de decisiones.
Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?
Más que hablar de equilibrio perfecto, hablaría de una gestión de múltiples responsabilidades. A las mujeres históricamente se nos ha exigido responder bien en todos los frentes al mismo tiempo, y aunque esa presión responde a estructuras sociales que todavía debemos cuestionar, también es cierto que muchas hemos desarrollado una gran capacidad de adaptación, resolución y fortaleza.
En mi caso, he aprendido que liderar también implica priorizar, poner límites y entender que no todo puede sostenerse desde el mismo lugar todo el tiempo. Muchas veces, por necesidad y supervivencia, una desarrolla una energía más ejecutiva, más firme, más orientada a resolver problemas. Lo importante ha sido aprender a usar esa fortaleza sin desconectarme de mi esencia.
Hoy lo aplico también en la forma en que acompaño a mi equipo: entendiendo que cada mujer vive sus propios desafíos, pero que cuando existe compromiso, confianza y visión, se puede construir un liderazgo sólido, auténtico y sostenible.
La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?
Para mí, todo empieza por la confianza. Construir un entorno donde las mujeres puedan desarrollarse y liderar implica creer genuinamente en sus capacidades, darles espacio para expresarse y reconocer el valor de su visión, es importante poder delegar el trabajo y sostener una cultura donde cada persona sienta que puede crecer, aportar y ser escuchada.
También creo profundamente en el poder de rodearse de mujeres fuertes, comprometidas y empoderadas, que no compiten desde la carencia, sino que se impulsan entre sí trabajando en equipo. Cuando existe esa energía de apoyo mutuo, el crecimiento deja de ser individual y se vuelve colectivo.
Para mí, liderar no significa únicamente dirigir. Significa también servir, acompañar, ayudar a otras personas a descubrir su potencial y crecer con ellas en el proceso. Un ambiente sano se construye desde esa mirada: una donde hay exigencia, sí, pero también respeto, escucha, propósito y humanidad.
También creo mucho en el ejemplo. El liderazgo visible es fundamental. Cuando otras mujeres ven que es posible dirigir, tomar decisiones estratégicas y liderar equipos grandes, automáticamente se rompe una barrera mental. Al final, la cultura organizacional se construye no solo con procesos, sino con la forma en que los líderes actuamos todos los días, inclusive en nuestra vida personal.
En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?
En mi caso, los momentos decisivos muchas veces han sido momentos incómodos. Creo que el liderazgo muchas veces nace justamente en esas situaciones donde hay incertidumbre y tienes que tomar decisiones sin tener todas las respuestas.
Uno de esos momentos fue durante la pandemia. Como muchos, estábamos tratando de entender qué iba a pasar con nuestros negocios y con nuestras vidas. A mí me tocó replantear lo que estaba haciendo, escuchar mucho más al cliente y observar con atención qué estaba cambiando a nuestro alrededor.
En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?
Los momentos más decisivos suelen ser también los más difíciles. Muchas veces, son las pruebas, las caídas y los desafíos profundos los que obligan a mirar hacia adentro, fortalecer la visión propia y desarrollar una mayor claridad sobre quién eres y hacia dónde quieres ir.
Creo que romper barreras no siempre sucede en los momentos visibles del éxito, sino en esos instantes en los que una decide no detenerse, aprender de lo vivido y transformarlo en fuerza. Cada obstáculo deja una lección, y cada experiencia difícil puede convertirse en una oportunidad para reafirmar el carácter, la convicción y la capacidad de liderar.
En mi trayectoria, esos momentos me han enseñado que el liderazgo no nace de la comodidad, sino de la capacidad de sostenerse, reconstruirse espiritualmente y avanzar con propósito.
Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?
Les diría que confíen en sí mismas. Que no subestimen su voz, su visión ni su capacidad de tomar decisiones. Que se atrevan, incluso cuando no todo esté resuelto y aunque el camino no siempre sea fácil. Que si se caen pueden volver a lograrlo, solo tienen que tener un objetivo claro y accionarlo para que es objetivo sea logrado.
El liderazgo femenino tiene un enorme poder transformador cuando se ejerce con autenticidad, valentía y propósito. No se trata solo de llegar a una posición, sino de convertirse en motor para que otras también puedan crecer. Cuando una mujer avanza con firmeza, abre espacio, inspira y deja huella.
A las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, les diría que confíen en sí mismas, que se atrevan a tomar decisiones y que no minimicen el valor de su voz. El liderazgo femenino no solo transforma empresas; también abre camino, inspira y crea oportunidades para que otras mujeres crezcan.