“Dios nos dio mente para pensar, corazón para sentir y alma para inspirar. Aprender a conocernos, a valorarnos y a vivir con plenitud es parte esencial del liderazgo”
Ejecutiva con más de 15 años de experiencia en el sector financiero y en el mercado de valores, especializada en gestión de riesgos, reorganización empresarial y gobierno corporativo. Actualmente me desempeño como Gerente General de NCM Asesoría Integral. Durante mi trayectoria profesional he liderado proyectos de internacionalización empresarial y brindado asesoría legal y estratégica a participantes del mercado de valores.
Con formación en Derecho, Administración y Finanzas, combino una visión técnica con enfoque estratégico para impulsar la sostenibilidad corporativa y el liderazgo femenino. Como CEO, speaker internacional y fundadora de una firma consultora, acompaño a líderes y organizaciones a crecer con propósito, a evaluar cómo están tomando decisiones en momentos críticos de crecimiento y continuidad, y a identificar tanto los riesgos visibles como aquellos que suelen pasar desapercibidos.
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, incierto y volátil —particularmente en nuestra región— la perspectiva femenina aporta un enfoque integral a la toma de decisiones estratégicas. Hoy, la diferencia competitiva ya no reside únicamente en el acceso a capital o tecnología, sino en la calidad de las decisiones que se adoptan desde la alta dirección.
Se habla mucho de “innovar”, pero no es solo crear algo nuevo; es liderar con responsabilidad. Es decir, la verdadera innovación ocurre cuando el liderazgo asume el impacto económico y social de sus decisiones, no solo sobre su originalidad o rapidez.
En ese contexto, la perspectiva femenina contribuye a redefinir el liderazgo empresarial hacia modelos más resilientes, éticos y preparados para enfrentar los desafíos del futuro.
Cuando participamos en un Directorio, el rol va más allá de revisar estados financieros o evaluar el avance de un plan estratégico. Implica incorporar un pensamiento sistémico, escuchar activamente al entorno y medir su impacto. Esta mirada integral permite construir una visión de largo plazo, anticipar riesgos no evidentes y, en consecuencia, gestionar de manera más efectiva y sostenible.
La contribución de la perspectiva femenina en las Juntas Directivas y en la Alta Gerencia se refleja en la capacidad de crear entornos de decisión equilibrados, donde la rentabilidad convive con el propósito y donde la medición de impactos se integra como parte del desempeño empresarial. En definitiva, una verdadera ventaja competitiva se construye a partir de decisiones conscientes, no de acciones reactivas.
Por lo tanto, en un contexto de alta complejidad, liderar bien se ha convertido en la principal fuente de diferenciación. Lo que perdurará en el tiempo, son las decisiones responsables, informadas y con visión de largo plazo; a pesar, de la incertidumbre constante que vivimos los empresarios en el Ecuador, por la falta de seguridad jurídica y las cambiantes reformas a las normativas.
De mi experiencia, el liderazgo empresarial exige algo más que velocidad o creatividad: exige conciencia estratégica. La perspectiva femenina aporta esa capacidad de decidir con propósito, anticiparse al riesgo y construir organizaciones verdaderamente sostenibles.
Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?
Es innegable que, como mujeres, enfrentamos exigencias adicionales al asumir posiciones de Alta Gerencia. No solo por las expectativas externas, sino también por los desafíos internos que debemos gestionar. Más allá de ser multifacéticas, nuestro mayor reto es creernos capaces y merecedoras de alcanzar las metas que nos proponemos.
Soy una mujer profesional, soltera, y en 2023 constituí mi firma consultora, NCM Asesoría Integral. Previamente, me desempeñé como Presidenta y Directora Ejecutiva de una empresa del mercado de valores en Ecuador y Panamá. En ese rol afronté uno de los desafíos emocionales más exigentes de mi carrera: liderar, en 2019, una empresa en un entorno predominantemente masculino, con apenas 32 años. A pesar de contar con más de una década de experiencia en el sector, mi edad y género fueron puestos en duda en múltiples ocasiones, lo que fortaleció mi carácter y mi visión de liderazgo.
El aprendizaje más relevante que he incorporado desde entonces es la gestión consciente de prioridades, partiendo de una convicción clara: la prioridad número uno soy yo. Mi trabajo, las actividades de impacto social, mi comunidad y mis distintos compromisos me apasionan profundamente y los asumo con un alto nivel de responsabilidad.
Sin embargo, con el tiempo comprendí que la gestión de la energía, del tiempo y de los límites no es un asunto personal, sino una competencia estratégica que incide directamente en la calidad de mis decisiones, en el liderazgo que ejerzo y en la coherencia entre mi vida profesional y personal.
Este proceso me ha permitido evolucionar de manera consciente, no para adaptarme a un sistema preexistente, sino para tener claridad sobre la huella que deseo dejar como profesional y como mujer en el mundo empresarial. Hoy entiendo que liderar también implica saber cuándo exigirse y cuándo pausar, con criterio y propósito.
Así como asesoro a organizaciones en temas de gobierno corporativo, he desarrollado mi propio esquema de gobernanza personal, orientado a un liderazgo más fecundo y sostenible. El equilibrio no se trata de simetrías perfectas, sino de priorización estratégica. No todo puede ni debe hacerse al mismo tiempo ni con la misma intensidad; la excelencia también se construye decidiendo qué no hacer.
Finalmente, he aprendido que el equilibrio no es únicamente económico o de agenda, sino también emocional. Cuando una mujer gestiona sus emociones de manera estratégica, se vuelve altamente competitiva y difícil de detener. Podemos liderar, decidir y transformar sin renunciar a lo que somos; cuando una mujer se gobierna con claridad, su liderazgo trasciende.
La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?
La cultura organizacional es, sin duda, un pilar fundamental para avanzar hacia la igualdad. No se construye a partir de discursos, políticas de moda o esquemas prediseñados, sino desde decisiones concretas que emanan del Gobierno Corporativo. Es allí donde se define, con claridad, qué comportamientos se permiten, cuáles se reconocen y cuáles se corrigen.
Construir un entorno donde las mujeres puedan desarrollarse, liderar y expresarse con seguridad implica diseñar estructuras organizacionales flexibles, con espacios reales de participación para todas las personas. Una cultura sólida se sostiene en una comunicación abierta y permanente, capaz de generar transformaciones auténticas y no meramente declarativas.
Desde mi rol de liderazgo, valoro profundamente la educación y la delegación. Estoy convencida de que un líder genera verdadero impacto cuando forma a su equipo, cuando enseña y acompaña, más allá de limitarse a señalar errores. Compartir el conocimiento es una de las expresiones más genuinas del liderazgo, porque el legado no se mide por los cargos ocupados, sino por las personas que logramos desarrollar.
Los entornos organizacionales en los que —indistintamente del género— las personas pueden crecer, comprometerse y amar lo que hacen, son aquellos donde existen reglas claras, debidamente socializadas, basadas en el respeto y la meritocracia. Esto se refuerza con espacios formales de participación y liderazgo que cuenten con procesos estructurados de retroalimentación y escucha activa, así como con políticas y procedimientos claros de cero tolerancia frente a microviolencias, descalificaciones o cualquier forma de exclusión.
Un entorno verdaderamente seguro no es aquel donde todos piensan igual, sino aquel donde expresar una opinión distinta no conlleva consecuencias negativas. La seguridad psicológica es una condición indispensable para que las mujeres —y los equipos en general— aporten su visión con libertad y criterio.
La igualdad no se impone; se diseña, se configura y se alinea con los valores y principios organizacionales. Y siempre comienza por la coherencia del liderazgo. Una cultura organizacional vivida de manera consistente en todos los niveles de la empresa no solo fortalece el desempeño, sino que también permite anticipar y mitigar riesgos reputacionales en contextos de alta exposición.
Definitivamente, es importante reconocer que, a medida que las mujeres ganamos espacio en los ámbitos empresariales y de decisión, también emergen resistencias asociadas a la lucha por el poder. Ese impulso por deslegitimar o dañar al otro para no perder influencia es profundamente contrario a cualquier noción de sostenibilidad. El liderazgo que perdura es aquel que entiende que el poder se fortalece cuando se comparte, no cuando se defiende desde la exclusión.
En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?
Identifico tres momentos decisivos para que una mujer rompa barreras y avance hacia posiciones de liderazgo. El primero ocurre cuando decide salir de su zona de confort y asumir desafíos de mayor alcance, aun cuando ello implique exponerse al riesgo y a lo desconocido. El segundo momento clave es cuando aprende a establecer límites y a priorizar su desarrollo profesional, gestionando de manera consciente su tiempo, su energía y sus decisiones. El tercero se da cuando elige hacer escuchar su voz y expresar su criterio en espacios de poder, participando activamente en Directorios, comités o instancias de decisión, incluso con posturas distintas o disruptivas. Yo llegué a preguntarme: ¿qué voz quiero que escuchen? ¿cuál es mi auténtica voz? Eso me abrió la perspectiva hacia una autoeducación no solo profesional sino emocional. Porque muchas veces nos quedamos en estado de negación y no aceptamos un NO como respuesta, pero eso es lo maravilloso de la comunicación efectiva y la argumentación.
Para superar las barreras, considero fundamental desarrollar autoconfianza basada en competencias y resultados, construir redes estratégicas, establecer límites claros y fortalecer entornos donde el mérito y la diversidad de pensamiento sean valorados. En lo personal, he incorporado un esquema de gobernanza personal que me permite gestionar prioridades con claridad, desafiar límites mentales y ejercer un liderazgo consciente.
Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?
Mi mensaje es claro y lo repito siempre en mis conferencias: “Para liderar, primero debes liderarte”. Para ello, he desarrollado un enfoque muy personal que incorpora lo espiritual. Lo he denominado liderazgo fecundo, aquel que genera vida más allá de los resultados inmediatos. No se limita a cumplir objetivos ni a ocupar posiciones de poder, sino que se mide por su capacidad de formar personas, desarrollar criterio, elevar conciencias y dejar huella. Es un liderazgo que se gobierna a sí mismo, que entiende el equilibrio entre exigencia y humanidad, entre rentabilidad y propósito. El liderazgo fecundo no controla, acompaña; no impone, inspira; no se agota en el corto plazo, sino que siembra para que otros crezcan, incluso cuando ya no estamos presentes.
Dios nos dio mente para pensar, corazón para sentir y alma para inspirar. Aprender a conocernos, a valorarnos y a vivir con plenitud es parte esencial del liderazgo.
Disfruta cada etapa de tu vida como si fuera única; entrégate con compromiso, pero permítete también recibir. Liderar no es solo dar, es saber sostener el equilibrio.
Las mujeres líderes, en ocasiones, podemos resultar intimidantes. Sin embargo, no hay nada más genuinamente femenino que una mujer segura de sí misma, consciente de su valor y fiel a su propósito.