Por: Dirección de Estudios CIG
Xavier Andrade / Iván Pisco / Leonard Quinde

La firma del Tratado de Libre Comercio entre Ecuador y Canadá, realizada el 24 de julio de 2026 en Ottawa, incorpora un nuevo mercado a la red de acuerdos comerciales del país, pero sería impreciso analizarla como el punto de partida de una relación poco consolidada. En 2025, las exportaciones ecuatorianas hacia Canadá alcanzaron USD 563 millones, un crecimiento de 91% frente al año anterior; entre 2020 y 2025, además, estos envíos aumentaron a una tasa promedio de 36% anual, llevando a Canadá a convertirse en el decimotercer destino de las exportaciones no petroleras del Ecuador, con una participación del 2%.

Este dinamismo se desarrolla bajo una estructura exportadora altamente concentrada. El cacao representó USD 212 millones en 2025 y el oro otros USD 196 millones, de manera que ambos productos explicaron 73% de las ventas hacia ese mercado; al sumar camarón, flores naturales y otras frutas, las cinco principales categorías concentraron alrededor de 91% de los envíos. Pero la lectura se torna particularmente importante al aplicar perspectiva industrial: entre 2020 y 2025 los productos industrializados representaron apenas 14% de lo exportado a Canadá.

Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones sumaron USD 171 millones y decrecieron 25%, esto debido a menores ventas de oro y cacao, pero con avances en pescado, pitahayas, elaborados del mar, y elaborados de cacao. Más que un mercado por descubrir, Canadá se constituye como un destino que ya venía ganando relevancia (aunque focalizada) y sobre el cual el acuerdo puede actuar como una plataforma de consolidación y diversificación.

El beneficio arancelario: relevante, aunque concentrado

Uno de los elementos que conviene dimensionar con cautela es el alcance del beneficio arancelario. El acuerdo permitirá que casi la totalidad de las partidas ecuatorianas accedan al mercado canadiense con arancel cero una vez que entre en vigencia; sin embargo, una parte considerable del comercio ya contaba con ese tratamiento. Desde el Ministerio de Producción se ha señalado que 88% del valor exportado ingresaba previamente con arancel cero, mientras que el análisis realizado sobre los registros de importación de Canadá para 2025 confirma que la mayor parte de las compras a Ecuador estaba ya libre de arancel. Las cifras provienen de fuentes y momentos distintos, pero la conclusión económica es la misma: el acuerdo mejora el acceso, aunque no parte de una situación generalizada de altos aranceles.

De las importaciones canadienses durante 2025, alrededor de USD 50 millones (7% del total analizado) pasan a desgravación inmediata. Las flores naturales concentran 88% de este grupo, seguidas por enlatados de pescado y caramelos; mientras, cerca de USD 1 millón adicional completaría su desgravación en plazos de entre cuatro y diez años.

La floricultura se presenta como uno de los casos donde la ganancia competitiva resulta más visible: determinadas flores ecuatorianas enfrentaban aranceles de hasta 12,5%, lo que para un sector que compite con proveedor como Colombia, Perú o Chile -países que ya cuentan con acceso preferencial-, la eliminación de esta brecha corrige una desventaja concreta de precio.

Existe además un beneficio menos visible: el acuerdo consolida el acceso de productos que ya ingresaban sin arancel y reduce el riesgo de cambios unilaterales en esas condiciones. Esto es relevante para exportaciones como cacao y derivados, camarón, pitahaya y otras frutas, brócoli, pescado o tableros de madera; en estos casos, el valor del tratado no debe medirse únicamente por una reducción inmediata de impuestos, sino también por la previsibilidad que incorpora a una relación comercial que ya había alcanzado una escala relevante.

El potencial adicional no depende solamente del arancel

La segunda dimensión del acuerdo es quizá la más estratégica: identificar productos que Canadá ya compra en el mundo, que Ecuador exporta a otros destinos, pero que todavía no registran ventas ecuatorianas hacia ese mercado. En 2025, el conjunto de bienes identificado bajo este criterio representó USD 5.303 millones en exportaciones ecuatorianas al mundo, una cifra que no debe interpretarse como ventas potenciales automáticas hacia Canadá, sino como una medida del tamaño de la oferta exportable que todavía no ha logrado presencia en ese destino.

Dentro de ese universo destacan concentrados de plomo y cobre, ciertas categorías de oro, tableros de virutas, ciertas categorías de café industrializado, tabaco en rama, desperdicios de metales, aparatos de cocción a gas, harina de pescado y maderas terciadas y prensadas. Aunque el rasgo más revelador es que una buena parte ya enfrentaba un arancel base de 0% en Canadá, es importante observar las excepciones como el tabaco en rama, con una carga arancelaria del 2,5%, los aparatos de cocción a gas, con 8%, y determinadas posiciones de harina de pescado, con 3%. Cuando un producto ecuatoriano es competitivo en otros mercados y puede ingresar a Canadá sin arancel, pero aun así no registra ventas, el reto pasa por la prospección comercial, la identificación de compradores y la construcción de canales de distribución.

La amplitud del instrumento puede contribuir a ese proceso. El acuerdo contiene 29 capítulos que abarcan, además del comercio de bienes: servicios, inversiones, comercio electrónico, transparencia, MIPYMES y solución de controversias. Esto permite contemplarlo como una infraestructura comercial que va más allá de una lista de aranceles: para los productos que ya tenían acceso libre, el valor puede surgir de reglas más claras y de una relación económica más institucionalizada.

La otra cara del acuerdo: importaciones, costos y sensibilidades

Desde la perspectiva importadora, la relación con Canadá también ayuda a dimensionar el efecto potencial del acuerdo sobre la economía ecuatoriana. En 2025, Ecuador importó USD 408 millones en productos no petroleros desde ese mercado, 32% más que en 2024, mientras que las importaciones totales —incluidos combustibles— alcanzaron USD 438 millones. La estructura está dominada por materias primas y bienes vinculados a la producción: solo las materias primas sumaron USD 347 millones, de los cuales USD 327 millones correspondieron a insumos para la industria.

El trigo explica buena parte de esa concentración. Las compras de trigo duro alcanzaron USD 193 millones y las de trigo y morcajo otros USD 113 millones, equivalentes en conjunto a cerca de 70% de las importaciones totales desde Canadá; luego aparecen combustibles, lentejas secas, cloruro de potasio utilizado como fertilizante, helicópteros y avena. Una vez que el acuerdo entre en vigencia, varios productos canadienses -entre ellos trigo, fertilizantes, computadores, routers, medicinas y determinados vehículos de carga para uso industrial- podrán ingresar con arancel cero, lo que abre la posibilidad de reducir costos para empresas que utilizan estos bienes como insumos o activos productivos, aunque el beneficio efectivo dependerá de cuánto del ahorro arancelario se traslade a los precios internos.

La apertura tampoco es irrestricta. Desde el Ministerio de Producción se ha señalado que el acuerdo incorpora mecanismos de protección para 227 productos agropecuarios considerados estratégicos, entre ellos arroz, maíz, leche, carnes y azúcar; existen además contingentes arancelarios para determinadas importaciones de carne de res y de cerdo, junto con exclusiones para productos sensibles como la carne de pollo y las aves de corral.

Una oportunidad que deberá medirse por la diversificación

A pocas semanas de su firma, el acuerdo todavía debe completar los procedimientos internos de aprobación antes de entrar en vigor; en Ecuador requiere la revisión de la Corte Constitucional y la aprobación de la Asamblea Nacional, mientras Canadá deberá cumplir su proceso parlamentario. Cuando ese proceso concluya, su evaluación debería ir más allá del número de subpartidas que alcanzan arancel cero: Ecuador ya vende a Canadá productos por más de USD 500 millones al año y buena parte de ese comercio ya contaba con acceso libre, de modo que el verdadero salto estará en ampliar una canasta hoy muy concentrada, elevar la participación de productos industrializados y aprovechar la demanda canadiense en bienes donde la oferta ecuatoriana ya ha demostrado capacidad exportadora en otros mercados.

En ese sentido, el acuerdo ofrece tres ganancias diferentes: una inmediata, al eliminar aranceles que todavía afectaban a sectores como el florícola y a ciertas manufacturas; una defensiva, al consolidar condiciones preferenciales para productos que ya ingresaban con arancel cero; y una potencial, más exigente, al crear mejores condiciones para que nuevas empresas y productos encuentren espacio en un mercado de alto poder adquisitivo, mientras las importaciones de materias primas, fertilizantes, tecnología y bienes de capital pueden contribuir a la competitividad interna. Así, el punto de partida es favorable, pero como se acostumbra en este tipo de acuerdos, no suficiente, siendo la tarea a nivel país el aprovechar de la mejor manera posible los beneficios alcanzados.