Por: Gino Pinargote Escudero
Genera Energías Renovables CÍA. LTDA.
La energía ha sido históricamente uno de los principales habilitadores del desarrollo industrial. Sin embargo, en el Ecuador, durante años fue tratada como un costo fijo más dentro de la operación, sostenido por una estructura tarifaria que, a partir de julio de 2025, cambió de manera estructural. El reciente ajuste de las tarifas eléctricas para los sectores industriales —con incrementos que oscilaron entre el 25 % y el 35 % para consumidores de medio y alto voltaje— no solo elevó el precio del kilovatio-hora, sino que evidenció una realidad ineludible: la energía dejó de ser una variable pasiva y se convirtió en un factor estratégico para la competitividad empresarial y el desarrollo del país.
En términos concretos, tarifas industriales que durante años se ubicaron alrededor de USD 0,08 – 0,09 por kWh pasaron, desde julio de 2025, a niveles cercanos o superiores a USD 0,11 – 0,12 por kWh, impactando de forma directa la estructura de costos de la industria nacional. Este ajuste no es coyuntural ni aislado; responde a un cambio de fondo en la estructura del sistema eléctrico y obliga a repensar la forma en que las empresas gestionan su energía.
En este nuevo escenario, la energía solar fotovoltaica ya no debe analizarse únicamente desde la óptica del ahorro frente a una tarifa más alta, sino desde su capacidad de convertirse en un activo productivo, capaz de generar valor económico, estabilidad financiera y una contribución directa al equilibrio del sistema energético nacional.
Más que un aumento tarifario: un cambio de paradigma
Durante décadas, la industria ecuatoriana asumió la energía como un insumo inevitable: se consumía, se pagaba y se incorporaba al costo del producto final. El ajuste tarifario de 2025 marcó el límite de esa lógica. Hoy, la pregunta relevante ya no es solo cuánto cuesta la energía, sino qué tan expuesta está una empresa a futuras alzas, volatilidad regulatoria o restricciones en el suministro.
Cuando el kWh deja de ser gasto: un business case referencial
Metales S.A., una empresa industrial intensiva en consumo eléctrico, enfrentó incrementos sostenidos en su factura energética y una creciente incertidumbre sobre el costo futuro del kWh. El análisis del desarrollo de una planta solar, evaluada bajo el concepto de costo nivelado de la energía (LCOE) a 25 años, mostró un costo cercano a USD 0,02 por kWh, con retornos estimados entre 3 y 4 años y una vida útil superior a 25 años.
El kWh solar como patrimonio energético
La energía solar autogenerada se comporta como un patrimonio energético empresarial. Genera valor recurrente, reduce la exposición tarifaria, mejora la previsibilidad financiera y fortalece la competitividad industrial.
¿Cómo funciona la generación solar desde la lógica industrial?
Una planta solar permite que la empresa produzca parte de la energía que consume. Cuando la generación coincide con el consumo, se reduce la compra a la red; cuando hay excedentes, estos pueden ser compensados conforme a la regulación vigente. El resultado es energía propia, estable y predecible.
Autoconsumo sin límites físicos: el marco regulatorio habilita la generación offsite
El marco regulatorio de autoconsumo permite hoy plantas solares fuera del sitio de consumo. La energía se inyecta a la red y se compensa, eliminando la dependencia del espacio en techos y ampliando el acceso al modelo.
Más energía es más progreso
El progreso industrial requiere más energía, no menos. La clave está en consumir mejor, produciendo energía de manera inteligente y descentralizada.
Cuando ese aporte se replica en cientos de industrias, el empresario deja de ser solo consumidor y se convierte en actor energético activo. En energía, cada decisión bien tomada no suma: multiplica el desarrollo del país.