Hace 90 años, un grupo de empresarios visionarios decidió crear la Cámara de Industrias de Guayaquil con una convicción: que producir, invertir y generar empleo son también formas de construir país.
Y no es casualidad que haya ocurrido en esta ciudad. Guayaquil ha sido históricamente una ciudad que emprende, apuesta, arriesga y trabaja. Una ciudad cuya gente entiende que detrás del progreso siempre hay alguien dispuesto a promoverlo y hacerlo realidad.
Con ese espíritu nació nuestra Cámara en 1936. Y apenas un año después, en septiembre de 1937, circulaba la primera edición de su Revista Oficial.
En aquel primer editorial, nuestros fundadores reconocían que la industria ecuatoriana era todavía incipiente, pero estaban convencidos de que tenía por delante un futuro prometedor. Por eso dejaron escrita una frase que explica, quizás mejor que cualquier otra, la razón de ser de una Cámara:
“Unirnos significa hacernos fuertes.”
Esa convicción ha acompañado a esta institución desde 1936. Porque la asociatividad no consiste únicamente en representar intereses comunes: significa sumar capacidades, construir consensos y entender que existen desafíos que ninguna empresa puede resolver por sí sola.
Y esta Cámara llevó esa visión mucho más allá de Guayaquil.
Fuimos uno de los miembros fundadores de la Asociación de Industriales Latinoamericanos, AILA, que en diferentes épocas fue presidida por dos de nuestros expresidentes. Desde ese espacio se promovieron cinco World Business Forum en distintas ciudades de Latinoamérica.
En el país, promovimos y lideramos activamente la creación de espacios de articulación empresarial, como la Federación Nacional de Cámaras de Industrias del Ecuador hasta el Comité Empresarial Ecuatoriano, la primera presidencia del Comité fue ocupada por un expresidente de esta Cámara.
Asimismo, dos expresidentes de nuestra institución presidieron la Asociación Ecuatoriana de Plásticos, ASEPLAS, y la Asociación Latinoamericana de Plásticos, ALIPLAST.
La asociatividad nunca fue solamente un principio; ha sido nuestra forma de actuar, y nuestra historia así lo demuestra.
Esa capacidad y esa convicción de actuar juntos son también parte de la razón por la que seguimos aquí. Durante estos 90 años hemos enfrentado terremotos, incendios, crisis económicas, la dolarización, una pandemia, dictaduras y múltiples gobiernos con visiones muy distintas sobre el rol de la empresa privada, el significado de la seguridad jurídica y el Estado de derecho. Y frente a cada una de esas circunstancias supimos enfrentar los retos sólidamente unidos.
El país cambió. La economía cambió. La industria supo adaptarse.
Y aquí seguimos, más fuertes y convencidos de nuestros principios y valores fundacionales, respaldando a las múltiples empresas que continúan apostando por el Ecuador, a los trabajadores que impulsan día a día nuestras industrias y sobre todo a los empresarios dispuestos a seguir invirtiendo, asumiendo grandes retos, adaptándose y volviendo a empezar cuando ha sido necesario. Esas has sido, y siguen siendo, una de las mayores fortalezas del empresariado guayaquileño.
Promover la industria nunca significó pensar únicamente en nuestras empresas. La historia de esta Cámara también está profundamente ligada al desarrollo de Guayaquil y del Ecuador.
La Cámara promovió iniciativas vinculadas a la generación de energía como base imprescindible para el desarrollo industrial de la ciudad. Recordemos EMELEC y, posteriormente, ELECTROQUIL. También participamos activamente en el desarrollo portuario de Guayaquil.
Hemos promovido acuerdos comerciales, misiones empresariales y ferias internacionales, porque creemos que una industria fuerte no es aquella que se aísla de la competencia, sino aquella que desarrolla las capacidades necesarias para competir en el mundo.
Y esa responsabilidad también implica mirar hacia adelante. La industria que celebramos hoy enfrenta, probablemente, una de las mayores transformaciones de las últimas décadas. Inteligencia artificial, automatización, sostenibilidad y nuevas tecnologías están cambiando la manera en que producimos. Y un mundo cada vez más conectado está transformando también cómo competimos: hoy ya no basta con producir bien, hay que hacerlo pensando en mercados que están a un clic de distancia.
La Cámara es, y debe seguir siendo, protagonista de esa transformación. Por eso impulsamos Ingenia Summit, donde acercamos la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías a los negocios. También debemos destacar Expoindustria, que en 2027, en su octava edición, crecerá significativamente para reunir a más empresas nacionales e internacionales, y para abrirles espacio a la innovación, la maquinaria, la automatización, la logística y las nuevas oportunidades de negocio.
Nuestra responsabilidad no es solamente representar a la industria que tenemos. Es ayudar a promover y desarrollar las industrias que el Ecuador necesita.
También reflejamos una tradición irrefutable de servicio a la comunidad que trasciende generaciones: con especial orgullo mencionamos que cuatro expresidentes de esta Cámara han presidido la Honorable Junta de Beneficencia de Guayaquil. Expresidentes y directores de esta Cámara son miembros activos del directorio de SOLCA. Y, como evidencia de esa vocación de servicio que ha caracterizado a nuestra institución, uno de nuestros expresidentes llegó a ser Presidente de la República del Ecuador y Alcalde de la ciudad de Guayaquil, llevando consigo el espíritu y los valores de servicio que también han marcado la historia de esta Cámara. Asimismo, años después de sus funciones gremiales, otro de nuestros expresidentes presidió la Asamblea Nacional, reafirmando la trascendencia de quienes han formado parte de esta institución y su compromiso con el servicio al país.
Hemos entendido algo fundamental: no puede existir una industria fuerte en una sociedad débil. Por eso nuestro compromiso ha trascendido con creces lo estrictamente productivo y empresarial.
Somos socios fundadores del primer banco de alimentos del país, el Banco de Alimentos Diakonía, cuyo objetivo es combatir el hambre y el desperdicio de alimentos. Hemos sido protagonistas en la creación de Mangle Inc., una iniciativa que articula a gremios, instituciones académicas y gobierno local para enfrentar los desafíos de seguridad, convivencia y contribuir a la tan necesaria reconstrucción del tejido social de Guayaquil.
Junto a varias empresas, generamos oportunidades económicas para más de 2.500 mujeres tenderas a través de la iniciativa Red Victoria. Y, como no podía ser de otra manera, hemos movilizado el respaldo empresarial hacia nuestras Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional en uno de los momentos más complejos para la seguridad del país.
Nuestro aniversario también representa una oportunidad para dejar un legado educativo. A través de la iniciativa “90 años, 90 oportunidades”, nos propusimos entregar 90 becas educativas completas para que 90 adultos terminen sus estudios y se conviertan en bachiller.
Reconocemos claramente que son hechos distintos, pero todos cuentan una misma historia: la Cámara de Industrias de Guayaquil no ha sido espectadora del desarrollo de la ciudad y del país, Ha sido un protagonista clave.
Y queremos hacer lo mismo por nuestra ciudad, como Cámara impulsamos nuevas iniciativas para construir una visión y una propuesta para Guayaquil desde aquello que sabemos hacer bien: identificar oportunidades, resolver problemas, generar capacidades y convertir ideas en realidades.
Mirar hacia adelante también significa asumir los desafíos que determinarán el futuro de nuestra ciudad y de su industria. Y uno de ellos es, sin duda, la energía.
Por eso, esta noche queremos invitarlos a involucrarse activamente y a sumar capacidades. Juntos, con ustedes y con otros ilustres empresarios guayaquileños, podemos y debemos crear y desarrollar fuentes de energía confiable que sostengan el crecimiento industrial del gran Guayaquil. Estamos convencidos de que contaremos con vuestra comprometida participación.
Porque aquella frase escrita en 1937 tiene hoy tanto sentido como en ese entonces: “Unirnos significa hacernos fuertes.”
Y quiero volver, precisamente, a aquella primera edición de nuestra revista. En su editorial, quienes fundaron esta institución escribieron que esperaban que, después de recorrer un camino que sabían sería difícil, pudieran decir algún día, al unísono:
“Hemos triunfado”.
Noventa años después, podemos decirles que mucho de aquello que imaginaron los fundadores se hizo realidad.
La industria que describían como incipiente, creció, se transformó y abrió nuevos caminos. Y la institución que entonces comenzaba sigue aquí, profundamente consolidada y preparada para enfrentar sus próximos desafíos.
Pero nuestra tarea no ha terminado. Quedan oportunidades por crear, retos por resolver, industrias por transformar y un país por seguir construyendo.
En apenas diez años llegaremos a los 100. Seremos una institución centenaria, con una enorme historia detrás, pero, sobre todo, con la mirada puesta en todo lo que todavía somos capaces de lograr.
Hoy, al cumplir 90 años, la Cámara se fortalece gracias a las experiencias vividas, a los objetivos alcanzados y a los retos superados. Pero, por encima de todo, gracias a las personas y empresas afiliadas que creyeron y siguen creyendo en esta institución. Son ellas las que han hecho posible esta historia y las que nos comprometen a continuar el legado que recibimos, en favor del desarrollo sostenible del Ecuador.
La próxima página de la historia nos corresponde escribirla a nosotros. Y, como hicieron quienes comenzaron este camino hace 90 años, debemos escribirla juntos.
Porque unirnos significa hacernos fuertes.
Como guayaquileño, empresario y ciudadano ecuatoriano, quiero decirles en voz alta y clara: muchísimas gracias, empresarios y amigos. Muchísimas gracias, guayaquileños. Muchísimas gracias, ecuatorianos.
La Cámara de Industrias de Guayaquil cumple 90 años gracias a ustedes.
Que Dios bendiga al Ecuador.