“Con paciencia, disciplina, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita”

¿Cuál fue el primer gran reto que enfrentó para convertir La Costeñita en un referente culinario y cómo lo superó?

El primer gran reto fue ganarnos la confianza de la gente. Cuando empezamos, éramos un negocio pequeño y poco conocido, y lograr que las personas apostaran por una nueva propuesta de comida costeña no fue fácil. Competíamos con restaurantes ya posicionados y con clientes acostumbrados a lo tradicional.

Lo superamos siendo coherentes: manteniendo calidad, sabor auténtico y un servicio cálido. Entendí que no se trataba solo de vender comida, sino de crear una experiencia. Con paciencia, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita como un lugar donde se come rico y se siente como en casa. El primer gran reto fue empezar desde cero, La Costeñita nació como un sueño, con recursos limitados, ajustándonos a lo que teníamos, pero con muchas ganas de salir adelante. En ese momento el desafío más grande era que la gente confiara en nosotros y en nuestra propuesta de comida típica en un lugar donde había solo comida rápida. No teníamos un local grande ni una marca conocida, solo nuestro esfuerzo y la convicción de hacer las cosas bien.

Con paciencia, disciplina, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita como un lugar donde se come rico y se siente como en casa.

Muchos negocios gastronómicos no pasan de los primeros años. ¿Qué decisiones clave tomó para asegurar la sostenibilidad y crecimiento de su restaurante?

Creo que las decisiones más importantes han sido tres: organización, reinversión y escucha al cliente. Desde el inicio entendí que, aunque éramos un emprendimiento pequeño, debíamos manejarlo con seriedad empresarial: controlar costos, ordenar procesos y cuidar cada detalle.

También hemos decidido reinvertir constantemente en el restaurante y en nuestro equipo, en su constante capacitación e imagen, porque sabemos que crecer implica mejorar todos los días. Y algo fundamental ha sido escuchar a nuestros clientes, ellos han sido nuestra mejor guía.

Soy muy consciente de que todavía estamos en camino. Un negocio necesita al menos cinco años para considerarse realmente consolidado, y nosotros vamos apenas por el segundo, es decir, por la mitad. Eso nos mantiene humildes, enfocados y trabajando para que La Costeñita siga fortaleciéndose a largo plazo.

¿Cómo maneja la presión de dirigir un negocio altamente competitivo sin perder la esencia familiar y tradicional de la cocina costeña?

La manejo recordando siempre de dónde venimos, no es fácil, pero he aprendido a encontrar un equilibrio, y esa esencia es la que nos trajo hasta aquí.

El mundo gastronómico es muy competitivo, pero mi guía siempre ha sido recordar por qué nació La Costeñita: para compartir los sabores de nuestra comida con amor y autenticidad. Planifico, me apoyo en mi equipo y tomo decisiones pensando en el futuro del negocio, sin sacrificar lo más importante: el sabor casero y la calidez que nos caracteriza.

Podemos crecer y profesionalizarnos, pero La Costeñita siempre será un lugar familiar, cercano y auténtico.

¿Qué prácticas implementa para empoderar y formar al equipo humano que trabaja con usted?

Para mí, el equipo es el corazón del restaurante. Trabajo mucho en la comunicación abierta, el respeto y la capacitación constante. Me gusta que cada persona entienda que su trabajo es importante y que aquí tiene oportunidad de crecer.

Implementamos entrenamientos internos, delegamos responsabilidades y fomentamos un ambiente donde se puedan proponer ideas. Creo firmemente que cuando un equipo se siente valorado y motivado, eso se refleja directamente en la atención al cliente y en el éxito del negocio.

⁠¿Qué consejo daría a jóvenes mujeres que sueñan con emprender en el mundo de los restaurantes?

Les diría que crean en ellas mismas y en sus capacidades. Emprender no es fácil, menos en la gastronomía, pero con disciplina, pasión y perseverancia todo es posible.

Que no tengan miedo de empezar desde cero, de equivocarse y volver a intentarlo. Emprender es difícil, requiere sacrificio, paciencia y mucha perseverancia. También es clave formarse, rodearse de personas que sumen y entender que el éxito se construye día a día. Como mujeres tenemos una enorme fortaleza para liderar con sensibilidad y determinación, y ese es un gran poder.