“El balance no es lineal. Hay etapas donde todo fluye y otras donde las demandas parecen competir entre sí”

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial cada vez más competitivo y dinámico, la perspectiva femenina juega un rol clave en la calidad de la toma de decisiones y en la capacidad de innovar.

No se trata únicamente de diversidad como un valor simbólico, sino de incorporar visiones más integrales que permitan evaluar escenarios con mayor profundidad, considerar el impacto en las personas y construir soluciones más sostenibles en el tiempo. Nuestra participación en espacios de decisión aporta un enfoque más holístico, que combina análisis estratégico con atención al detalle y una fuerte orientación a largo plazo.

Hoy, las empresas no solo enfrentan mayor competencia, sino también un entorno en constante transformación. Esto exige equilibrar resultados inmediatos con la trascendencia del negocio. En ese contexto, nuestra voz contribuye a mantener presente un elemento crítico: las personas que hacen posible la operación diaria y el crecimiento futuro.

Las mujeres a lo largo de la historia moderna, hemos evolucionado significativamente en nuestras capacidades profesionales; sin embargo, aún enfrentamos barreras para acceder a los niveles más altos de liderazgo, tanto en el sector privado como en el público. Superar esta brecha no es solo una cuestión de equidad, sino una oportunidad para elevar el estándar de las decisiones empresariales.

En términos de innovación, el desafío es transversal. La adopción de nuevas tecnologías y la capacidad de adaptación son fundamentales para todos. Sin embargo, las mujeres que logremos integrar experiencia de negocio, habilidades humanas y una visión global estaremos mejor posicionadas para liderar la transformación y ocupar espacios clave en la toma de decisiones estratégicas.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

A lo largo de la historia, las mujeres hemos roto paradigmas que nos han permitido avanzar hacia espacios de mayor influencia, aunque todavía queda camino por recorrer.

Cuando hablamos de balance entre vida personal y liderazgo corporativo, el primer aprendizaje es que no existe una fórmula única ni estática. El equilibrio parte de entender con claridad nuestras prioridades, y aceptar que estas evolucionan a lo largo del tiempo: cambian cuando iniciamos nuestra carrera, cuando asumimos roles de liderazgo y cuando alcanzamos posiciones donde se toman decisiones estratégicas.

El balance no es lineal. Hay etapas donde todo fluye y otras donde las demandas parecen competir entre sí. En mi experiencia, una de las claves ha sido tener la claridad para identificar qué nos hace felices y la valentía de tomar decisiones alineadas con eso, incluso cuando no responden a las expectativas externas.

Después de dos décadas en el mundo corporativo, he aprendido que construir una red de apoyo sólida es fundamental. En lo profesional, contar con equipos confiables y complementarios permite distribuir responsabilidades de manera efectiva sea de forma presencial o remota.
En lo personal, el respaldo de la familia es indispensable. Mi familia ha sido y continúa siendo el motor y el pilar sobre el cual he construido la carrera que he trazado. Asimismo, contar con un círculo cercano de mujeres con objetivos y valores compartidos crea un espacio de confianza donde podemos intercambiar dudas, enfrentar retos y celebrar logros, fortaleciendo así nuestro crecimiento tanto personal como profesional.

Finalmente, el balance comienza desde lo interno. Hoy no solo enfrentamos exigencias externas, sino también estándares personales cada vez más altos. Por eso, priorizar la salud mental, el bienestar físico y las relaciones personales no es opcional; es una condición necesaria para poder liderar con claridad, consistencia y propósito.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional es clave para construir espacios donde las mujeres puedan desarrollarse, liderar y expresar sus ideas con confianza.

A lo largo de mi carrera he tenido el honor de trabajar con decenas de mujeres talentosas, lo que me ha confirmado que el crecimiento no depende solo de las capacidades individuales, sino del entorno en el que éstas puedan compartirse de forma segura.
Construir un ambiente inclusivo requiere políticas claras de equidad y acciones concretas: eliminar sesgos en ascensos y remuneración, fomentar una cultura de seguridad psicológica donde las mujeres puedan aportar ideas y participar en decisiones sin temor. También es fundamental visibilizar el liderazgo femenino, porque cuando existen referentes, las oportunidades dejan de percibirse como inalcanzables.

En mi experiencia, esto se construye desde lo cotidiano: promoviendo el respeto, la equidad y espacios donde cada voz tenga valor. No se trata de condiciones especiales por el simple hecho de ser mujer, sino de condiciones justas basadas en méritos.

Al final, una cultura inclusiva no solo impulsa el desarrollo de las mujeres, sino que eleva la calidad de las decisiones y el crecimiento del negocio.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

A lo largo de mi trayectoria, he tenido la oportunidad de colaborar con organizaciones que han sido verdaderas escuelas de vida. Si tuviera que resumir los momentos decisivos que me permitieron avanzar hacia posiciones de liderazgo, destacaría dos factores clave: una formación académica sólida y líderes que apostaron por mi potencial.

Recuerdo con claridad que a los 14 años decidí estudiar Economía. Esa convicción temprana estuvo profundamente influenciada por los valores que me inculcó mi madre: disciplina, compromiso y visión de futuro.
En mi familia, siempre hemos considerado que la educación abre puertas. Logré obtener una beca por excelencia académica en la Universidad Espíritu Santo Uees y me gradué Cum Laude a los 23 años, habiendo acumulado ya varios años de experiencia profesional.

Mi ingreso a los 18 años a lo que entonces era Grupo Fadesa, hoy Grupo Vilaseca, marcó un punto de inflexión. Más allá del rol, encontré un entorno que me exigía y me impulsaba a aprender y crecer constantemente. Esa combinación de curiosidad y exigencia ha sido una constante en mi carrera.

A los 28 años tomé otra decisión clave: salir de mi zona de confort y cursar un International MBA en IE Business School. Esa experiencia no solo fortaleció mis habilidades técnicas, sino que amplió mi perspectiva global y mi capacidad de toma de decisiones.

Sin embargo, más allá de la formación, han sido determinantes las personas. A lo largo de más de dos décadas, he tenido la fortuna de trabajar con líderes que confiaron en mi potencial, incluso antes de que yo misma lo reconociera plenamente. Muchos de ellos trascendieron el rol de jefes para convertirse en mentores y amigos.

Uno de ellos me regaló un libro con un mensaje que marcó mi camino: avanzar requiere valentía. Y esa ha sido una constante: entender que el crecimiento profesional no es un salto inmediato, sino un proceso construido paso a paso, con esfuerzo, consistencia y decisiones valientes y conscientes.

Muchas veces solo se ve la cima, pero quienes me conocen saben que detrás hay un proceso construido paso a paso, con esfuerzo, disciplina y trabajo constante, desde empresas locales hasta multinacionales, incluyendo compañías Fortune 500.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de conocer mujeres brillantes, cuya tenacidad, preparación y determinación les han permitido hacer escuchar su voz a través del valor que aportan a sus organizaciones.

Si pudiera compartir una reflexión, diría que el liderazgo comienza por la capacidad de conectar. Saber conversar, generar confianza y comunicar con claridad son habilidades fundamentales. Desde muy jóvenes, es clave desarrollar la comunicación, porque en todo momento estamos transmitiendo quiénes somos y qué podemos aportar.

También es importante recordar que nuestro principal activo somos nosotras. Cuidarnos, conocernos y priorizar nuestro bienestar es esencial para poder dar lo mejor a los demás. Nuestro cargo, nuestros logros o el éxito profesional no definen quiénes somos; lo que realmente nos define es la huella que dejamos en las personas y en los espacios donde contribuimos.

El autoconocimiento es un proceso continuo. Aprender a separar nuestra identidad de nuestro rol profesional nos permite tomar decisiones con mayor claridad y libertad. Y en ese camino, la valentía es clave: avanzar incluso con dudas, con incertidumbre y con miedo.

Avanzar con miedo también es avanzar; y muchas veces, es ese paso el que abre el camino para las mujeres que vienen detrás.