“Para mí, el crecimiento saludable se mide en tres dimensiones: impacto ambiental, impacto social y solidez financiera”

Grupo Entregas opera en un sector altamente competitivo y regulado. ¿Cuáles han sido las decisiones estratégicas más complejas que ha debido tomar en los últimos años y cómo evalúa hoy sus resultados?

Diría que una de las decisiones más complejas —y al mismo tiempo más trascendentales— fue incorporar la sostenibilidad como eje central del negocio y no como un área complementaria. Apostar por una estrategia ESG estructurada implicó destinar inversión, rediseñar procesos y asumir metas públicas, como la transición de nuestra flota hacia vehículos eléctricos y el compromiso de carbono neutralidad para 2050.

No era la decisión más sencilla en términos financieros inmediatos. Sin embargo, hoy evaluamos los resultados con satisfacción: hemos logrado una reducción superior al 20% en nuestra huella de carbono respecto a 2021, generado ahorros operativos importantes gracias a la movilidad sostenible y fortalecido nuestra reputación como referente en logística responsable.

Ese proceso nos ha dado la solidez necesaria para dar un siguiente paso estratégico: en 2026 abriremos nuestras oficinas en Guayaquil con el primer Hub Logístico de entregas 100% eléctrico en la ciudad. No es solo una expansión territorial; es la consolidación de un modelo de negocio sostenible que ahora estamos listos para escalar. Confirmamos que la sostenibilidad, cuando es auténtica, sí es rentable y genera ventajas competitivas reales.

¿Cómo se equilibra, desde la presidencia de una empresa logística, la presión por eficiencia operativa con la inversión en sostenibilidad y criterios ESG sin comprometer la rentabilidad?

Yo estoy convencida de que ese equilibrio no se logra enfrentando eficiencia y sostenibilidad como si fueran opuestas.

En realidad, se potencian. La eficiencia operativa bien entendida es, en sí misma, una práctica sostenible: optimizar rutas reduce costos y emisiones; digitalizar procesos reduce papel y mejora tiempos; migrar a energías limpias disminuye la dependencia de combustibles fósiles y estabiliza gastos a mediano plazo.

Desde la presidencia, mi rol ha sido asegurar que cada inversión sostenible tenga indicadores claros de impacto ambiental, social y financiero. No se trata de gastar más, sino de invertir mejor. Cuando uno integra criterios ESG en la estrategia, la rentabilidad deja de estar en riesgo y pasa a fortalecerse.

La logística suele verse como un área operativa. ¿En qué momento decidió convertirla en un eje estratégico de diferenciación del negocio?

Fue un proceso natural, impulsado por el crecimiento del comercio electrónico y por nuestra propia reflexión sobre el propósito empresarial. Entendimos que la experiencia del cliente no termina en la venta, sino en la entrega. Y allí la logística se convierte en un punto crítico de confianza, reputación y fidelización.

Además, en un país como Ecuador, con enormes desafíos geográficos y brechas territoriales, la logística puede ser una herramienta de equidad y desarrollo. Cuando apostamos por modelos eléctricos, por tecnología limpia y por hubs sostenibles como el que implementaremos en Guayaquil, estamos demostrando que la logística puede liderar la transformación urbana y empresarial.

Comprendimos que no debía ser solo eficiente; debía ser inteligente, sostenible y con propósito. Esa es nuestra diferenciación.

¿Qué indicadores considera clave para medir el crecimiento saludable de una empresa más allá del volumen de ventas o expansión territorial?

Para mí, el crecimiento saludable se mide en tres dimensiones: impacto ambiental, impacto social y solidez financiera.

En lo ambiental, indicadores como la reducción de emisiones, la eficiencia energética o el porcentaje de flota eléctrica son fundamentales.
 En lo social, la diversidad de nuestra nómina, las horas de capacitación y nuestras alianzas estratégicas nos muestran si estamos generando valor más allá del negocio.
 Y en lo financiero, más que solo ingresos, miro eficiencia operativa y ahorro sostenible.

Una empresa puede crecer en ventas y, sin embargo, deteriorar su cultura o su entorno. Eso no es crecimiento sostenible. El verdadero crecimiento es aquel que fortalece simultáneamente a la empresa y a la sociedad.

Desde su experiencia, ¿qué errores de gestión son los más comunes en empresas que crecen rápido y cómo evitarlos?

Uno de los errores más frecuentes es crecer sin consolidar la cultura organizacional. Cuando el crecimiento es acelerado, existe la tentación de priorizar únicamente resultados financieros y descuidar procesos, gobernanza y valores.

Otro error es expandirse sin una visión clara de largo plazo. Crecer por crecer puede debilitar a la organización. En nuestro caso, cada paso de expansión responde a una estrategia estructurada, sostenible y medible.

¿Cómo evitarlos? Con planificación estratégica, métricas transparentes y coherencia. La sostenibilidad nos ha dado un marco para crecer con disciplina: cada expansión, cada innovación, cada inversión pasa por el filtro de nuestro propósito.

Yo creo firmemente que las empresas que sobreviven y lideran en el tiempo son aquellas que entienden que el éxito no se trata solo de cuánto crecen, sino de cómo crecen y a quiénes impactan en el camino.